Qué cosas tiene la vida. Qué bonita es. Y, sin embargo, cómo la complicamos. Cuánto perdemos. Cuando nos ciegan los sentimientos amargos, que no hacen sino corromper el alma, estamos perdidos. Y así vamos. Si en lugar de centrarnos en los problemas intranscendentes y pensar sólo en uno mismo fuésemos un poquito más abiertos y viésemos más allá de nuestro ombligo, todo sería mucho más fácil. Si en lugar de sentir recelo y ser egoístas fuésemos espléndidos y nos alegrásemos de las virtudes y logros de los demás, la vida nos iría mejor. Pero para eso hace falta, primero, estar bien con uno mismo, tener la mirada limpia, la mente abierta y un poquito de sensibilidad. No nos damos cuenta de que pensando también en los demás, sobre todo en las personas que nos son tan cercanas, conseguimos bienestar en nosotros mismos.
El racismo, la intolerancia, el odio, la violencia, el egoísmo, son herramientas utilizadas por las personas de espíritu débil.
lunes, 29 de diciembre de 2008
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