Érase una vez una linda chica llamada Sofía que vivía en un pueblecito donde tooooda la gente tenía concepciones de la vida diferentes a las de ella. Nunca antes se planteó con tanta fuerza con la que lo hacía ahora, desaparecer del pueblecito y buscar su verdadero yo. Había cosas que la mantenían presa tras los barrotes de la "indiferencia" que los lugareños creaban diariamente. Cosas que parecían vitales para el buen funcionamiento personal, pero que en realidad no eran más que absurdas banalidades. Fue capaz de priorizar y mantenerse cuerda en los momentos decisivos. Lo que parecía de obligatorio cumplimiento, se convirtió esta vez, en el principal motivo de su amargura, y siendo un poquito inteligentes, como lo fue ella, haríamos cualquier cosa por cambiarlo, hacerlo desaparecer de nuestras vidas, hasta que sea imperceptible para nosotros. Y así lo hizo ella. Llenó de valor sus maletas, cogió lo más importante y se marchó, dejando una gran parte de su corazón en el pueblecito, pues echaría de menos a sus tres tesoros, sus amigos que la quieren con locura. Ahora está lejos, lejos de todo lo que le retrasaba como persona, lejos de todo con lo que se acostumbró a pasar los días, lejos de las sonrisas que cada día le brindaban sus amigos, de los momentos amargos, de los felices también, lejos de todo, sí, pero la distancia de separación no es más que una línea casi infinita con una amplia gama de colores recién descubiertos, que ahora empiezan a ser mezclados creando nuevas visiones que le ayudan a sentirse limpia y sana, libre y 100% consciente de que lo que está haciendo sólo la incumbe a ella, sólo ella fue la que decidió, ella se buscó, y encontró que nadie más podía intervenir en la búsqueda de su ser, de sus inquietudes más primarias, de sus necesidades ahora diferentes, verdaderas, con otro sentido y otra concepción del mundo, está renovando su interior sin apenas ser consciente, pero sabe que es lo más maravilloso que podría sucederle. Seguro conseguirá poner fin a lo antaño e introducirse en mundos mucho más acordes con ella. Finalmente vivirá donde a ella le plazca, elegirá nuevos caminos que sólo ella podrá disfrutar, conservará sus fuerzas ahora renovadas por la esencia de una Italia familiar y las utilizará en los momentos más necesarios. Su gente la lleva en el corazón, la cuida interiormente, le manda fuerzas cada día, le desea lo más bonito de la vida. Sólo queda desear que vuelva pronto con sus ideas más que claras, que nos diga que ha cumplido buena parte de sus objetivos. Que nos abrace. Que nos cuente su historia, así como yo hoy conté esta. Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado…
viernes, 25 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
Caos
Qué lío. Cuánto jaleo mental hay dentro de mi cabeza. Siento una melancolía extrema. La sensación de que vaya sin rumbo por la vida. De no haber tenido una vida normal desde mi independencia impuesta, sino agitada, apurada, caótica. La sensación de haber perdido el tiempo por mi debilidad y mi desconcentración. Por otorgarle mayor importancia a cuestiones irrelevantes, personas y ámbitos poco importantes. Qué sensación Dios mío. No sé como salir de esta espiral. No hago más que fustigarme por todo, de sentirme inútil. No logro enderezarme. No logro levantar cabeza. Cambiaría tantas cosas, borraría tantas comederas de cabeza en vano. Centrándome en los infortunios que me acaecieron, no pudiendo evitar sentir dolor, sentirme derrotada, abatida. Quisiera saber hacer las cosas bien, transitar por fin el camino deseado, no sentirme tan sola. No me reconozco con las personas, ya no me conformo con cualquier cosa. Siempre quiero más, más profundo, sustancioso. Y veo tanta banalidad. Quisiera poder ser así yo también, para ser neutral, para no sufrir tanto. Para poder relacionarme a cualquier escala en cualquier lugar y situación y evitar sentirme vacía. No sabría exactamente establecer el motivo de mi dolor, pero no dejo de sentir cómo se me desgarra el alma cada vez que me pienso y nado en mis adentros en busca de esperanzas perdidas.
Mi hogar es otro dolor superpuesto. No encajo aquí. Hay un abismo de tiempo entre mis padre y yo, entre mis hermanos y yo. Veo el mundo con otros ojos, soy de otra forma distinta a la de ellos, he crecido en otro mundo y han ocurrido demasiados acontecimientos dolorosos para ambos en este tiempo, de los cuales ni uno ni otro tenemos conocimiento y eso nos distancia. ¿Cómo hablarles desde el corazón y explicarles mi perspectiva del mundo, de mi persona, cuando no ha habido comunicación en años? Me resulta complicado.
No sé que hacer con mi vida, porque veo un mar agitado y bravo delante de mí y no sé cómo adentrarme en la tormenta para salir airosa.
Mi hogar es otro dolor superpuesto. No encajo aquí. Hay un abismo de tiempo entre mis padre y yo, entre mis hermanos y yo. Veo el mundo con otros ojos, soy de otra forma distinta a la de ellos, he crecido en otro mundo y han ocurrido demasiados acontecimientos dolorosos para ambos en este tiempo, de los cuales ni uno ni otro tenemos conocimiento y eso nos distancia. ¿Cómo hablarles desde el corazón y explicarles mi perspectiva del mundo, de mi persona, cuando no ha habido comunicación en años? Me resulta complicado.
No sé que hacer con mi vida, porque veo un mar agitado y bravo delante de mí y no sé cómo adentrarme en la tormenta para salir airosa.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Pesadez
No logro arrancar de mis entrañas esta pesadez, esta sensación de plomo que me abate, me hunde en los abismos oscuros de la vida. Estoy agotada, no puedo evitar estarlo. Me siento maullada, golpeada, herida por el peso del tiempo y las dificultades del camino. Darme golpes contra un muro duele; si la acción se repite duele el doble; si las estampadas son consecutivas duele aún más. No logro salir de este pozo sin fondo. Es como luchar contra mi propia sombra. Como intentar desprenderme de una gelatina pringosa y resistente, compacta, que me baña por completo. Por más que estiro y me muevo y ando no logro despegarla de mi piel. Se ha apoderado de mi cuerpo y mi espíritu ya no responde, contaminado con su hedor.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Volubilis. Marruecos
Una de las muchas imágenes que tomamos de Volubilis, antigua ciudad romana hoy abatida por el paso del tiempo. Es asombroso todo lo que podemos encontrar en esta anciana villa romana y lo bien conservados que se encuentran muchos de los elementos que constituían esta polis. Uno puede recrear en su mente la estructura tanto de las domus como de las construcciones más relevantes de la época y del lugar. Conjuntos prácticamente completos de mosaicos con distintos motivos decorativos se hallan dispersos por los suelos de las distintas zonas de la ciudad. Se puede recorrer el recinto sin necesidad de tomar precausiones esenciales para la correcta conservación de este patrimonio de la humanidad, pues no existen impedimentos de ningún tipo a la hora de aproximarse a y tomar contacto directo con las piezas del lugar. Todo se encuentra a la intemperie. Disfruté como una niña subiendo y bajando por los muros de piedra que dividían las estancias de las casas y villas romanas, pasando por entre el alcantarillado de sus calles, acariciando los restos de elementos arquitectónicos que encontraba por el suelo y deleitándome con el paisaje de alrededor, que envolvía el situs romano en una atmósfera acogedora y apacible, predominando el verde entre la roca.
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