lunes, 29 de diciembre de 2008
Ceguera
El racismo, la intolerancia, el odio, la violencia, el egoísmo, son herramientas utilizadas por las personas de espíritu débil.
lunes, 1 de diciembre de 2008
No te detengas
Walt Whitman
sábado, 29 de noviembre de 2008
Ellos. Nosotros
Estos seres intentan acabar con nuestra civilización. Quieren despojarnos de todo lo que nos rodea y asentarse en este mundo. Anhelan nuestro planeta, cuna de paraísos salvajes. Pretenden, de ese modo, lavar sus conciencias y dejar atrás sus vidas maltrechas, llenas de miserias. Vidas apagadas, teñidas de gris, monótonas y austeras.
Por desgracia sólo unos pocos somos conscientes de lo que ocurre. Sólo unos pocos luchamos porque nuestra parte amable se instaure para siempre en nosotros; por dejar a un lado todas las facultades negativas que anidan en nuestro interior. Sólo unos pocos contemplamos la belleza que viste al planeta de luz y color, que lo empapa y está ahí, esperando a que nuestros ojos la oteen.
Trastornos
Y quieren creer que mueren... Y quieren creer que se sienten culpables y que en el fondo son personas de alma benévola... Que todo tiene su porqué. Que fuerzas externas los inducen a comportarse de esa determinada manera. Y se odian a si mismos, pero sin llegar realmente a odiarse. Porque en sus adentros el hecho de experimentar esa sensación les produce vitalidad y engrosa su autoestima. Incluso llegan a sumirse en una profunda melancolía que carece de sentido. Porque ese otro roll que juegan, siempre es y seguirá siendo una constante en sus vidas. ¿Porqué no reconocer el problema e intentar erradicarlo? ¿Porqué seguir transmitiendo lástima, amargura y la imagen de mártir, cuando se sabe que, en el fondo, todo no es más que una fachada?
El ser humano no tiene límites. Somos capaces de cometer el mismo error una y otra vez y seguir tan campantes. Actúo, me fustigo, me perdonan. Continúo... Una espiral sin salida.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Vida
Hoy, no sé por qué razón, siento la necesidad impetuosa de escribir. El frescor del amanecer ha despertado en mí algo que creía muerto. Las ganas de vivir. De contemplar y disfrutar, de descubrir que en este mundo hay cosas que merecen la pena, y que por el sólo hecho de que están, vale la pena seguir viviendo. La dulzura de un niño; su sonrisa pura e inocente. ¡Qué bonito! Como añoro la niñez, mi infancia. Aquel mundo transparente, esa esfera mágica donde te encuentras apartado de todo. De toda la realidad, la verdadera realidad. Una atmósfera especial donde el poder de la imaginación y la capacidad de sorpresa ante cada minuto vivido es una constante. Qué tiempos. Como tantos, como tantas veces.
Un día como hoy me vienen los recuerdos más felices de mi vida, los momentos de absoluta felicidad, de auténtico goce. ¿Dónde quedó todo aquello? No quiero este nuevo mundo que me toca vivir. No quiero adentrarme en él. Es todo tan superficial, tan agobiante, represivo en cuanto al alma. Nadie vive, nadie siente. Sólo se sobrevive. Se intenta vivir de la mejor manera posible, pero sólo en apariencia. Las necesidades del alma quedan a un lado. ¿Quién se deja llevar? ¿Quién disfruta de los pequeños placeres? ¿Quién aprecia los pequeños detalles y se extasía en la belleza que, a pesar de todo, existe y nos rodea? Porque lo bello es todo aquello que nos libera, por un momento, de los pesares, de las ataduras, y despierta en nosotros la virtud de descubrir los pequeños tesoros escondidos que la vida nos ofrece. Para todo aquel que sepa ver, para todo aquel que sepa mirar. Y sólo dejarse llevar...