viernes, 25 de diciembre de 2009

Historias para no dormir

Érase una vez una linda chica llamada Sofía que vivía en un pueblecito donde tooooda la gente tenía concepciones de la vida diferentes a las de ella. Nunca antes se planteó con tanta fuerza con la que lo hacía ahora, desaparecer del pueblecito y buscar su verdadero yo. Había cosas que la mantenían presa tras los barrotes de la "indiferencia" que los lugareños creaban diariamente. Cosas que parecían vitales para el buen funcionamiento personal, pero que en realidad no eran más que absurdas banalidades. Fue capaz de priorizar y mantenerse cuerda en los momentos decisivos. Lo que parecía de obligatorio cumplimiento, se convirtió esta vez, en el principal motivo de su amargura, y siendo un poquito inteligentes, como lo fue ella, haríamos cualquier cosa por cambiarlo, hacerlo desaparecer de nuestras vidas, hasta que sea imperceptible para nosotros. Y así lo hizo ella. Llenó de valor sus maletas, cogió lo más importante y se marchó, dejando una gran parte de su corazón en el pueblecito, pues echaría de menos a sus tres tesoros, sus amigos que la quieren con locura. Ahora está lejos, lejos de todo lo que le retrasaba como persona, lejos de todo con lo que se acostumbró a pasar los días, lejos de las sonrisas que cada día le brindaban sus amigos, de los momentos amargos, de los felices también, lejos de todo, sí, pero la distancia de separación no es más que una línea casi infinita con una amplia gama de colores recién descubiertos, que ahora empiezan a ser mezclados creando nuevas visiones que le ayudan a sentirse limpia y sana, libre y 100% consciente de que lo que está haciendo sólo la incumbe a ella, sólo ella fue la que decidió, ella se buscó, y encontró que nadie más podía intervenir en la búsqueda de su ser, de sus inquietudes más primarias, de sus necesidades ahora diferentes, verdaderas, con otro sentido y otra concepción del mundo, está renovando su interior sin apenas ser consciente, pero sabe que es lo más maravilloso que podría sucederle. Seguro conseguirá poner fin a lo antaño e introducirse en mundos mucho más acordes con ella. Finalmente vivirá donde a ella le plazca, elegirá nuevos caminos que sólo ella podrá disfrutar, conservará sus fuerzas ahora renovadas por la esencia de una Italia familiar y las utilizará en los momentos más necesarios. Su gente la lleva en el corazón, la cuida interiormente, le manda fuerzas cada día, le desea lo más bonito de la vida. Sólo queda desear que vuelva pronto con sus ideas más que claras, que nos diga que ha cumplido buena parte de sus objetivos. Que nos abrace. Que nos cuente su historia, así como yo hoy conté esta. Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado…

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